CONFIANZA ROTA

La confianza no se destruye con un golpe: se erosiona con silencios.
Con semanas que pasan sin respuesta.
Con expedientes que avanzan a paso de tortuga mientras los problemas crecen a velocidad de autopista.

Cuando la nueva Corte disminuye sus resoluciones en 44.5%, no es un dato frío: es una historia humana.
Es una familia que espera sentencia.
Es un negocio atorado por un trámite.
Es una persona buscando justicia que nunca llega.

En México, la vida cotidiana está atravesada por papeles sellados, audiencias que se suspenden, buzones que no responden. La lentitud institucional genera una sensación profunda y colectiva de abandono. La gente deja de creer no porque odie al Estado, sino porque el Estado parece estar en pausa.

La justicia tardía no solo hiere la ley: hiere a la comunidad.
Convierte la frustración en norma.
Vuelve la duda costumbre.
Y alimenta una herida social silenciosa: la de sentir que estás solo frente a un sistema inmóvil.

Recuperar la confianza no empieza con discursos, sino con algo más sencillo y más difícil: cumplir tiempos, dar seguimiento, responder, avanzar.
El reloj institucional no puede seguir marcando la hora equivocada.